LAS PESADILLAS Y SUS NOMBRES

Las pesadillas poseen varios nombres cuya historia, a pesar de las distancias culturales y lingüísticas, se emparenta. El término español, pesadilla, es poco afortunado, como argumentaba Jorge Luis Borges en un ensayo que lleva el mismo título. En español, la palabra proviene del latín pesare (pesar) y del diminutivo -illa. Aunque se mantiene el sentido de peso, de que algo pesa cuando se tiene una pesadilla, ese diminutivo parece rebajarle su sentido. Compárese el portugués pesadelo.

palabras para las pesadillas

Sin embargo, en otras lenguas la pesadilla posee un abanico de nombres que aseguran transmitir esa horrible sensación nocturna, y que comparten el hecho de equiparar la pesadilla con un ser demoniaco.

Hemos escogido tres términos provenientes de lenguas europeas que ilustran esto.

Incubo

En la lengua italiana, la pesadilla lleva un nombre que tal vez a los amantes de lo oculto y sobrenatural les parezca conocido: incubo. Sí, o sea, el correspondiente masculino de los súcubos. Según el folclor europeo, un íncubo era un demonio que se posaba sobre una mujer dormida para tener relaciones sexuales, lo que podría llevar a un embarazo (de hecho, una de las versiones del nacimiento del famoso mago Merlín es ésta, un íncubo embarazó ilícitamente a una monja mientras dormía). La mujer que sufría el acecho del íncubo era incapaz de despertarse, cuestión que tiene en común con la típica experiencia de una pesadilla, es decir, la imposibilidad de abrir los ojos.

Se trata de un ser mítico que tiene versiones en diversas culturas del planeta. El nombre europeo procede de la palabra latina incubare, es decir, in, que significa “sobre”, y cubare, “yacer”, haciendo referencia al acto de posarse sobre el pecho de la mujer dormida. En el diccionario etimológico de Ottorino Pianigiani se dice que en el bajo pueblo romano los íncubos eran también genios que custodiaban tesoros en las profundidades de la tierra.

Igualmente Pianigiani enfatiza el hecho de que hoy en día la palabra incubo sobrevive en el vocabulario como esa percepción dolorosa en el pecho que impide moverse y gritar a la persona afectada. Los antiguos suponían que se trataba de una impresión desatada por el demonio, y que tomaba seguido la forma de un sátiro o incluso de un gato.

incubo etimologia

Efialtés

Los antiguos griegos denominaban a las pesadillas con el nombre de ἐφιάλτης (efialtés), que vendría a significar “el que salta”, haciendo referencia también a un tipo de demonio que saltaba sobre los durmientes. Bernard de Montfaucon consideraba a los hifialtés (plural de efialtés) como los equivalentes de los íncubos y súcubos, solo que aquellos adoptaban forma humana para introducirse al sueño, desde el cual atormentaban a la persona.

Así, parece arquetipal en el hombre el asociar las experiencias y los fenómenos de la parálisis del sueño con ciertas visiones que engloban a los espíritus, demonios y fantasmas. Recuérdese que en México existe la expresión “se le subió el muerto”, que se refiere a la misma sensación de la que hemos venido hablando: constricción en el pecho, imposibilidad de respirar o moverse, de despertar, sentimiento de asfixia, sensación de una fuerza que invade el cuerpo.

efialtés etimologia

Nightmare

Sonoramente, la palabra inglesa es fuertísima. Proviene de un término del inglés antiguo, mare, y parece que está emparentada a dos cosas: la designación de un caballo, y el nombre de un demonio. Así, nightmare vendría siendo el “caballo de la noche”, un demonio nocturno que asolaba a los durmientes provocándoles pesadillas. Se explica así el famoso cuadro de Henry Fuseli, The Nightmare. En él se ve a una mujer dormida (aunque en una posición bastante sugerente) en cuyo pecho reposa un íncubo o un efialtés, y al fondo sobresale la cabeza de un caballo, es decir, el nightmare, que ha venido a perturbar también con su tétrica presencia.

nightmare etimología

Mención: en francés está la palabra cauchemar, la cual proviene del francés antiguo, compuesta por cauque>cauche (presionar, pisar) y mare, o sea la misma palabra del inglés antiguo, dando como resultado algo así como “el demonio que oprime”. La misma raíz sobrevive en el holandés nachtmerrie y en el alemán Nachmahr.

Algunas referencias:

http://revistas.unam.mx/index.php/poligrafias/article/view/31273

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